Los Retrovisores

Jóvenes, guapos y bien vestidos. “Dios bendiga al hombre bien vestido”, que decía Tibor Fischer. Vespas, parkas y patillas de palmo. Actitud vitaminada, respeto a las raíces y adoración absoluta a los dioses negros de la música. Todo ello son etiquetas que pueden bien vestir a Los Retrovisores. En definitiva, aroma a “sixties” que tumba de espaldas como la loción de afeitado Floïd. Algo con carácter y personalidad. Un concepto sesentero verdadero, cabe remarcar. Porqué el vocablo en cuestión puede ser algo usado con cierta levedad en nuestros días. Un adjetivo pegado a cualquier manifestación que huela a yeyé o naftalina de antaño. Pero nada de eso. Aquí hay reverencia y pleitesía. Rebuscar en el pasado, en los sonidos originales; beber de lo conocido y admirado para generar una sonoridad propia. Algo identificable. Que nos siente bien y, sobretodo, que nos suene de maravilla.

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